ENSAYO: DIALECTICA EN EL INSTRUMENTO METODOLOGICO DE LA CAPACIDAD DE CARGA TURISTICA
MACHUPICCHU ICONO TURÍSTICO DEL PERU
Porque buscamos entrar a la historia de la humanidad en enciclopedias y/o eventos mundiales. Una reflexión que no se podría pensar de un momento a otro, mucho menos cuestionando tamaña hazaña, al elegir como maravilla del mundo a nuestra Machupicchu. No se puede cuestionar que el indicador principal de la actividad turística es y sigue siendo Machupicchu y se difícil generar mecanismos de gestión turístico en el ámbito Nacional, regional o Local sin Machupicchu. Sin considerar por el momento que Machupicchu es ciudad Inca y que tiene guardado una amalgama de conocimientos exactos y supra racionales analizamos los siguiente:
UN DIA DE VISITA…
Al momento de visitar Machupicchu dependiendo de la hora en la que comenzamos la visita, siempre encontraremos compañía. Grupos de personas, a veces con guía de turismo, a veces sin guía de turismo, a veces detenidos en un lugar por minutos, horas, a veces en movimiento; todos describen el panorama de la ciudad como si estuviera habitada intermitentemente. Es inevitable no encontrar tráfico en lugares importantes, es inevitable no concurrir disperso, porque la estabilidad de horarios es variable. Tanto la frecuencia de trenes, buses y visitantes a pie, son variables a considerar. Es muy posible encontrar espacios vacios y tranquilos en horas que no coinciden con la llegada de trenes (valga la redundancia). Seguramente los encargados de administrar el Parque Arqueológico, los científicos sociales, los políticos, asesores, consultores, guías de turismo, etc., intentaran o intentan plantear formas de des congestionamiento, plan de uso público, nuevas rutas, horarios; es muy posible que todos arriben o alcancen soluciones virtuales, inclusive el conjunto de profesionales que elaboró el Plan Maestro 2005 haya alcanzado la fórmula mágica de uso público a través de rutas, atreviéndose inclusive a dar un número máximo de visitantes (2500 visitantes por día) por lo menos estos últimos llegaron a escribir lo estimado en un papel, pero las otras personas solamente mencionan las ideas, dilucidan, discuten, a veces sin metodología, a veces a tientas; tal vez se comunican y dilatan el tema al viento, a la mesa, al panel, a la reunión de alto nivel, al ministro, al bar, escritorio, gabinete, etc., no se puede esperar mucho de palabras nada concretas.
El día de visita puede ser aletargada, cansada, lluviosa, con un Sol intenso, histórica, mística, etc., no será más que una experiencia que lo asimila el visitante.
Es en ese sentido, que, la agrupación de esfuerzos por determinar qué número de personas puede ingresar a la ciudad Inca de Machupicchu bajo un estudio que sin querer o con el odio que se le pueda asignar a la metodología termina siendo: “Estudio de Capacidad de Carga”
BASES PRELIMINARES PARA UN ESTUDIO DE CAPACIDAD DE CARGA DE VISITANTES
La capacidad de carga es un concepto muy utilizado en el campo de la ecología. La palabra capacidad sugiere, en sentido estricto, la posibilidad de contener o acomodar en un determinado espacio. Desde hace varias décadas, los investigadores del turismo han venido utilizando ésta para referirse al número máximo de turistas que puede albergar un área de destino (O’Reilly, 1991). Sin embargo, este concepto es mucho más complejo de lo que en principio se podría pensar pues plantea numerosas controversias, tanto en su definición como en su aplicación. Existen numerosos trabajos en la literatura especializada que han tratado de definir el concepto de capacidad de carga turística con más o menos éxito. En estas líneas trataremos de presentar algunos de los que han tenido mayor reconocimiento por parte de los expertos.
Para ampliar esta cuestión, sugerimos la lectura del artículo de Watson y Kopachevsky (1996) así como el trabajo de Mitchell (1979), en los que se recopilan las definiciones de capacidad de carga más interesantes. Una de las más ampliamente aceptadas es la sugerida por Mathieson y Wall (1986): «el número máximo de visitantes que puede usar un espacio sin una alteración inaceptable del medio físico y sin una disminución en la calidad de la experiencia conseguida por los visitantes». En la misma línea se sitúan Lime y Stankey (1971) aunque incluyendo el aspecto temporal: «El tipo de uso (lo que hacen y cómo lo hacen) que se puede soportar en un periodo determinado sobre un área sin causar un excesivo daño tanto al medio físico como a la experiencia del visitante».
Existen otras definiciones en las que se encuentra implícita la idea de que la capacidad de carga turística es dependiente en cada caso de los beneficios esperados, de los objetivos especificados de desarrollo: «el nivel de uso que mejor consigue los objetivos propuestos en el sistema». (Stynes, 1977); «el nivel de uso con el que se maximiza la total satisfacción y los beneficios» (Greist, 1976). Por el contrario, otros se centran en los impactos en la zona de acogida (Tburot, 1980): «La capacidad de carga turística es la frecuentación turística que puede admitir continuamente el sistema socioeconómico regional sin que se modifiquen:
a) en el nivel de las estructuras económicas, sin tener necesidad de llamar continuamente a las estructuras no regionales o extranjeras;
b) en el nivel de las estructuras sociales, sin modificar radicalmente los equilibrios sociales anteriores;
c) en el nivel cultural, sin modificar profundamente los sistemas de valor imperantes;
d) en el nivel medioambiental, sin modificar las grandes características ecológicas iníciales. La sostenibilidad, a la que haremos mención más adelante, es otra de las ideas recurrentes en el concepto de capacidad de carga apreciable, por ejemplo, en la definición de Wagar (1964): «el nivel de uso turístico que proporciona una calidad sostenida de la recreación» Resulta más completa la definición del término que hace la OMT al contemplar diversos puntos de vista: «El concepto de capacidad de carga trata de establecer en términos mensurables el número de visitantes y el grado de desarrollo que es susceptible de alcanzarse sin que se produzcan situaciones perjudiciales para los recursos (..) Es la capacidad que se puede alcanzar sin daño físico para el medio natural y para el medio artificial, sin daño social/económico para la comunidad y para la cultura local o sin perjudicar el justo equilibrio entre desarrollo y conservación. En términos estadísticos, es el número de visitantes que pueden darse en un lugar a cualquier hora punta o durante un año sin que resulte en una pérdida de atracción o en daños para el medio ambiente... Se puede decir, en términos generales, que existe una saturación o un sobrepaso de la capacidad de carga cuando los movimientos de las personas, nacionales o internacionales, excede temporalmente el nivel aceptable por el medio ambiente físico y humano de la zona de acogida o destino» (Informe de la OMT, cit. por Cazes, 1992). Para no perdernos entre tanta definición, podemos resumir, siguiendo a O’Reilly (1991), que existen dos líneas de pensamiento acerca de la naturaleza e interpretación de la capacidad de carga turística que conviene tener en cuenta:
a) En la primera de ellas, la capacidad de carga se trata como la capacidad de un área de destino para absorber el turismo sin que se lleguen a manifestar impactos negativos en las comunidades de acogida. El acento se pone en el medio receptor y no en el turista.
b) La segunda vertiente propone que la capacidad de carga se considere como el nivel a partir del cual los flujos turísticos se reducen al ser patente una disminución en la satisfacción de la experiencia adquirida.
Ese destino deja de atraer a los turistas que buscan un lugar alternativo para pasar sus vacaciones. La atención se centra en el turista y en su valoración subjetiva.
TIPOS DE CAPACIDAD DE CARGA
La mayor parte de los autores que han investigado esta cuestión apuntan que no se debe considerar una sola capacidad de carga sino varias, en función de los impactos que produce el turismo. Ya hemos visto las dos líneas de pensamiento principales apuntadas por O’Reilly sobre esta cuestión. Williams y Gilí (1994), completan esta división distinguiendo cuatro puntos de vista diferentes:
Hablan de una perspectiva tradicional, centrada en la idea del umbral, del número máximo de turistas y de la búsqueda de indicadores de capacidad, pero que presenta numerosos problemas de aplicación. También se refieren a una perspectiva medioambiental, enfocada en prevenir la alteración del medio físico; una económica, ligada a la maximización de la rentabilidad económica a largo plazo y, por tanto, a la satisfacción de los turistas y, finalmente, hacen mención de una perspectiva basada en la comunidad de acogida. Creemos que estas vertientes deben ser afrontadas conjuntamente y no por separado dado que este concepto debe buscar la preservación de los lugares turísticos pero también de las llegadas de visitantes en busca del nivel óptimo de utilización y frecuentación. Siguiendo la misma línea, Watson y Kopachevsky (1996), en su completa síntesis, distinguen hasta cinco tipos de capacidad de carga:
a) Ecológico-medioambiental: «El nivel de desarrollo turístico o actividad recreacional más allá del cual el medio ambiente que hemos conocido se degrada o se ve comprometido» (Watson y Kopachevsky, 1996). Por tanto, afecta al aire, el suelo, la vegetación y fauna, el agua, y todos los demás elementos físicos que componen un ecosistema. Este es uno de los aspectos más considerados en la actualidad a la hora de configurar un producto turístico.
b) Física: En este caso se refiere a la capacidad espacial de un lugar y de sus infraestructuras para acoger las actividades turísticas. La cantidad de espacio disponible es inalterable, sólo se puede mejorar su utilización mediante un aprovechamiento más racional del mismo. En cuanto a las infraestructuras, su capacidad y rendimiento es casi siempre mejorable en función del dinero que se destine a ello.
c) Socio-perceptual: Este tipo de capacidad hace referencia al nivel de tolerancia de las poblaciones de acogida hacia la presencia y comportamiento de los turistas y está en relación con los impactos culturales. En este caso, y más que en los anteriores, su medición se debe realizar a partir de juicios de valor en los que el componente subjetivo los hace difícilmente extrapolables de una situación a otra.
d) Económica: Para O’Reilly (1991), es la capacidad para absorber funciones turísticas sin que se excluyan otras actividades que se consideran de interés. El tema económico, en la práctica, es uno de los principales argumentos contra la noción de capacidad y la imposición de límites (Getz, 1983). Los estudios de coste-beneficio tienden a suprimir cualquier limite a la actividad turística, incluso asumiendo la existencia de un coste. El problema es determinar un balance óptimo entre las ventajas e inconvenientes que implica una actividad de ese tipo, la capacidad óptima a la que hacíamos mención antes. Desgraciadamente, se impone a menudo la estrategia del máximo beneficio a corto plazo sin pensar en el futuro.
e) Psicológica: La capacidad de carga psicológica es estrictamente experiencial. Sólo los turistas mismos pueden determinar si han logrado una satisfacción personal en sus vacaciones en función de muchos factores como la actitud percibida de la población local, el grado de saturación del destino turístico, La calidad medioambiental, etc.
Vemos por tanto las diversas vertientes que se presentan cuando se pretende abordar el problema de la capacidad de carga turística de un territorio, la gran diversidad de puntos de vista y perspectivas diferentes que es preciso recoger y valorar con objetividad.
METODOLOGIAS
Existen diversas metodologías para regular el manejo de visitantes en áreas protegidas. Se destacan el VIM `Visitor Impact Management (Loomis y Graefe, 1992), LAC `Límites de cambio aceptable´ (Stankey et al., 1985), y CCT `Capacidad de Carga Turística´ (Cifuentes, 1992). Este último pionero en estudios sobre ANP cuya metodología fue creada en el CATIE de Costa Rica.
1. El método de Cifuentes (1992) tiene varios beneficios, tales como: el procedimiento al aplicarlo es compresible y sencillo para determinar la capacidad de carga del área en estudio. La metodología también se apoyó en Navarro (2005), quien sugiere una serie de indicadores (alojamiento, vialidad, abastecimiento y saneamiento de agua) para la evaluación de la CCT, para destinos turísticos costeros.
Con el método Cifuentes (1992), se pretende establecer el número máximo de visitas que puede recibir un área determinada, con base en las condiciones físicas, biológicas y de manejo que se presentan en el área en el momento del estudio (estudio transversal). El proceso consta de tres niveles:
1. Cálculo de Capacidad de Carga Física (CCF)
2. Cálculo de Capacidad de Carga Real (CCR)
3. Cálculo de Capacidad de Carga Efectiva (CCE), donde la CCF > CCR > CCE.
Como parte del estudio de Carga Física, se realizó la caracterización temporal de los visitantes, con su estancia media, ya sea en horas o días. Adicionalmente, fue necesario determinar la ubicación espacial de los atractivos de acuerdo a su situación geográfica, y para ello se utilizó el sistema geoposicional GPS (Geographyc Positional System), para determinar y analizar las áreas geográficas de mayor presencia o concentración turística, ya que no sólo se debe considerar el factor demográfico sino también las formas de apropiación y la intensidad de uso del destino o sitios turísticos (Wurz, 2003). Con la información geo-referenciada se pueden construir mapas para investigar la naturaleza y tendencias espaciales de variables de interés (por ejemplo, número de habitaciones y camas).
Con los SIG, es además posible realizar operaciones espaciales que permiten asociar múltiples bases de datos con relación a su posición geográfica y que de otra forma no podrían combinarse (número de hoteles en un área determinada alrededor de un arrecife, como en el caso de esta investigación).
La utilización de estos sistemas en el análisis espacial de los niveles de cobertura, accesibilidad y utilización de servicios, puede servir como un importante insumo en la evaluación de la capacidad de carga turística.
2. En lugar de intentar establecer un finito y el eslabón predecible entre el nivel del uso e impacto (qué es la base para medir la capacidad de carga turística), un acercamiento más útil puede ser evaluar el impacto probable de una actividad en el destino; esto de acuerdo al grado de datos que de antemano se obtenga; supervisar la industria en una base regular y sistemática, y decidir qué acciones se tomarán si éstos ' se exceden de los estándares' de calidad. Ésta es la base de los Límites de Cambio Aceptable (LAC) acercamiento que identifica recursos y las condiciones sociales en una escena dada y define técnicas de dirección que mantendrán estas condiciones con el tiempo. Evita el establecimiento sincero de usar-límites, o el tipo y balanza de desarrollo que puede tener lugar, sino busca entender el cambio. Originalmente desarrollado por el Servicio del Bosque Americano (Stankey et al, 1985) este acercamiento reconoce que la evaluación de impactos es una cuestión para el juicio directivo, y ese tal juicio debe ser basado en una valoración informada de valores sociales, económicos y medioambientales, así como el mantenimiento del recurso, y reacción del usuario (Sidaway, 1991).
LAC procesa una serie de nueve pasos secuenciales qué ampliamente ayuda para identificar aceptabilidad social y características del recurso de la escena, compara las condiciones existentes con aquéllos deseados, identifica una serie de posibles acciones que ayudan a lograr estas condiciones deseadas; y establece las técnicas de medidas sistemáticas y regulares para supervisar el cambio y efectividad de acciones de dirección emprendidas. (Sidaway, 1991; Wight, 1994)
Acerca del “Visitor Impact Management”, se puede asumir que recoge las dos metodologías anteriores con análisis de otras variables que se complementan de acuerdo al lugar intervenido.
CRÍTICAS AL CONCEPTO Y ALGUNAS EXPERIENCIAS DE APLICACIÓN
La medición de la capacidad de carga presenta una gran dificultad intrínseca lo que ha hecho que muchos autores desistan o busquen otras alternativas. Aunque existe un cierto consenso entre los expertos a la hora de definir la capacidad de carga, no hay aún un acuerdo sobre los métodos de medición y cuantificación a emplear, ni mucho menos sobre los umbrales de permisibilidad que se consideran adecuados en cada caso. Este es, quizás, la principal crítica que se hace al concepto. Autores como O’Reilly (1991) indican que esto está provocado, entre otros factores por el hecho de que las políticas de ordenación que se empleen en un lugar pueden afectar considerablemente a su capacidad de carga y también porque los niveles aceptables de densidad turística a partir de los cuales aparecen problemas de saturación, difieren notablemente de unos enclaves a otros.
Estas dificultades de medición provienen también de la ambición de considerar simultáneamente parámetros físicos y ecológicos, sociales y económicos, psicológicos, antropológicos y culturales, es decir, variables mensurables y otras puramente subjetivas y no solamente en el espacio receptor sino también se piensa en las zonas emisoras e intermedias o de tránsito (Cazes, 1992). Mathieson y Wall (1986) añaden que los niveles de capacidad están influidos por dos grupos de factores, que son:
a) Características de los turistas: Características socioeconómicas de los visitantes; nivel de uso, número de visitantes, estancia, densidad, etc.; Duración de la estancia, los tipos de actividades turísticas; los niveles de satisfacción turística.
b) Características del área de destino y de sus habitantes: Rasgos naturales ambientales y sus procesos; estructura económica y desarrollo económico; estructura social y organización; organización política; nivel de desarrollo turístico.
El concepto cuenta con una gran aceptación por toda la comunidad científica pero ya hemos comentado que apenas se ha avanzado en su aplicación. Entre las causas que han motivado ese escaso desarrollo se encuentra en primer lugar, siguiendo a Butíer (1996), una errónea identificación del concepto con un número que representara claramente el máximo número de visitantes que deberían visitar un sitio sin llegar a deteriorarlo. Como ya antes apuntábamos, cada tipo de turistas provoca impactos diferentes. Además, la tecnología permite que algunos lugares sean capaces de acoger sin peligro muchos más visitantes que otros. Esto hizo que la capacidad fuera considerada como un concepto de gestión, tazar unos aceptables niveles de cambio a partir de unos objetivos planteados. En segundo lugar, hay que destacar que la aplicación de límites al desarrollo turístico representa una restricción para muchos de los agentes implicados en el sector que piensan que cuanto menos control exista en el sector privado, mucho mejor los límites se identifican entonces por un no-crecimiento a partir de un cierto nivel. Además, hay que mencionar en muchos casos la ausencia de una figura que se preocupe específicamente de la calidad de los recursos turísticos y, mucho menos, por el respeto de los límites establecidos de uso de los mismos.
Dada esta multiplicidad de factores que estamos apuntando, es difícil, si no imposible, calcular valores absolutos de capacidad de carga, excepto en casos muy puntuales. Los estudios son difícilmente extrapolables, existe una metodología distinta casi para cada caso. Cualquier aproximación a esta cuestión debe partir de la identificación de las condiciones ambientales, sociales y económicas deseadas por una comunidad y sentar las estrategias de desarrollo que permitan gestionar la capacidad de carga turística en esa dirección (Vera el aL, 1997).
Una de las principales críticas que se realizan a los estudios de capacidad de carga es que, a menudo, no consideran la integración entre los componentes descriptivo-empíricos y los evaluativo-normativos (Watson y Kopachevsky, 1996).
En resumen, y siguiendo a Shelby y Heberlein (1986), existen tres grandes dificultades a la hora de establecer las capacidades:
1. Las personas tienen diferentes necesidades y buscan diferentes cosas en sus experiencias turísticas. Hay diferentes capacidades para cada tipo de experiencia.
2. Cualquier uso produce un cambio pero lo difícil es precisar a partir de qué momento ese cambio es admisible.
3. El número de usuarios es, a menudo, un pobre indicador del grado y de la naturaleza del impacto.
Algunos autores como Lozato-Giotart (1992) defienden, como muy reveladores, el uso de indicadores tradicionales como los visitantes por unidad de superficie o de tiempo, el número de camas turísticas por residente, el número de casas dedicadas al turismo por cada casa de residentes, etc. El problema es que si bien estos índices son de fácil cálculo, no son útiles para ver el medio socioeconómico ni para comparar el estado del medio social ni los impactos sociales del turismo. Muchos trabajos que tratan el tema del turismo en regiones costeras o en áreas naturales de especial protección, intentan relacionar la superficie que se considera conveniente dedicar a la práctica recreativa con el espacio que necesita cada turista para que su experiencia sea gratificante o con el número de plazas de alojamiento disponibles. En esa línea, Boullón (1985) propone una fórmula para calcular la capacidad de acogida turística en una zona determinada y que consiste en dividir la superficie total que utilizarán los turistas por el promedio individual requerido. Para hallar el número total de visitas diarias hay que relacionar esta capacidad de acogida con un coeficiente de rotación obtenido a partir del número de horas diarias de apertura de la atracción a los turistas y del tiempo medio de la visita. Más completo es el estudio realizado en la isla de Goa (WTO, 1994), que calcula el número máximo de turistas que pueden hacer uso de los recursos costeros contemplando también los impactos sociales, los problemas de abastecimiento y las necesidades de mano de obra. Canestrelíl y Costa (1991) investigan la capacidad de carga en ciudades históricas, concretamente en Venecia desde la perspectiva coste-beneficio. Distinguen la existencia de dos grupos en la población según sean dependientes o no del turismo. En cada caso, el nivel óptimo de uso difiere notablemente.
La metodología para el cálculo de la capacidad de carga turística, ha sido aplicada en la Reserva Biológica Carara, (Cifuentes et al., 1990), en el Parque Nacional Manuel Antonio (Rodríguez, 1992), en el Refugio de Vida Silvestre “La Marta” (Acevedo Ejzman, 1997), en la Reserva Absoluta Cabo Blanco, Reserva Ecológica Monteverde, Estación Biológica La Selva, Monumento Nacional Guayabo (Fundación Neotrópica, 1992); en el Parque Nacional Galápagos, Ecuador (Cayot et al., 1996), y en el Parque Nacional Marino Fernando de Noronha, en Brasil (Mitraud, 1997). La lista se va ampliando cada año.
EN LA ACTUALIDAD PARA MACHUPICCHU
Si consideramos el estudio realizado por el Plan Maestro 2005 acerca del Parque Arqueológico de Machu Picchu, se puede observar que no cuenta con antecedentes de estudio existentes en temas de capacidad de carga de visitantes (excepcionalmente hipótesis de trabajo enfocados unilaterelamnet), solo por mencionar una: se posee una tesis acerca del tema como punto de inicio para estudios futuros elaborado en 1996 en la UNSAAC, carrera profesional de Turismo, se tiene estudios preliminares en instituciones como INRENA e INC a lo largo del tiempo desde décadas pasadas, ninguno es mencionado en el citado Plan Maestro.
Como bien se ha visto en la revisión aplicativa de la capacidad de carga, debemos considerar antes de iniciar un cálculo oportuno y referencial, la desestimación de factores sociales y económicos por cuanto no se tienen implícitamente en Machupicchu pero si exógenamente, no obstante; los parámetros más sólidos tienen que ver con los efectos ecológicos-ambientales, físicos y psicológicos.
LA DIALECTICA DE LA METODOLOGIA
Como ya se menciono acerca de las constantes formas de enfocar la metodología e inclusive sentir por momentos que se está navegando por océanos desconocidos o mal identificados puede entonces plantearse que para el caso específico de Machupicchu, la condición fundamental es la de identificar a través de la construcción de indicadores, el total de variables que se involucrarán con la metodología y que al margen de ser estáticas, deban estar en movimiento cual tabla de proyección se va actualizando. Es necesario buscar la metodología “Machupicchu” y su nivel de concatenación con los parámetros externos que coadyuvan a su originalidad y que lo hace diferente a otros tipos de aplicación metodológica en niveles operativos más no en concepto.
Como todo participante o involucrado en las tareas de evaluación de CCT, podría intuir empíricamente bajo un problema objeto de investigación, que el número de personas que pueden visitar Machupicchu está en un rango cuya consistencia teleológica obedece a un escenario óptimo de certidumbre temporal.
MACHUPICCHU ICONO TURÍSTICO DEL PERU
Porque buscamos entrar a la historia de la humanidad en enciclopedias y/o eventos mundiales. Una reflexión que no se podría pensar de un momento a otro, mucho menos cuestionando tamaña hazaña, al elegir como maravilla del mundo a nuestra Machupicchu. No se puede cuestionar que el indicador principal de la actividad turística es y sigue siendo Machupicchu y se difícil generar mecanismos de gestión turístico en el ámbito Nacional, regional o Local sin Machupicchu. Sin considerar por el momento que Machupicchu es ciudad Inca y que tiene guardado una amalgama de conocimientos exactos y supra racionales analizamos los siguiente:
UN DIA DE VISITA…
Al momento de visitar Machupicchu dependiendo de la hora en la que comenzamos la visita, siempre encontraremos compañía. Grupos de personas, a veces con guía de turismo, a veces sin guía de turismo, a veces detenidos en un lugar por minutos, horas, a veces en movimiento; todos describen el panorama de la ciudad como si estuviera habitada intermitentemente. Es inevitable no encontrar tráfico en lugares importantes, es inevitable no concurrir disperso, porque la estabilidad de horarios es variable. Tanto la frecuencia de trenes, buses y visitantes a pie, son variables a considerar. Es muy posible encontrar espacios vacios y tranquilos en horas que no coinciden con la llegada de trenes (valga la redundancia). Seguramente los encargados de administrar el Parque Arqueológico, los científicos sociales, los políticos, asesores, consultores, guías de turismo, etc., intentaran o intentan plantear formas de des congestionamiento, plan de uso público, nuevas rutas, horarios; es muy posible que todos arriben o alcancen soluciones virtuales, inclusive el conjunto de profesionales que elaboró el Plan Maestro 2005 haya alcanzado la fórmula mágica de uso público a través de rutas, atreviéndose inclusive a dar un número máximo de visitantes (2500 visitantes por día) por lo menos estos últimos llegaron a escribir lo estimado en un papel, pero las otras personas solamente mencionan las ideas, dilucidan, discuten, a veces sin metodología, a veces a tientas; tal vez se comunican y dilatan el tema al viento, a la mesa, al panel, a la reunión de alto nivel, al ministro, al bar, escritorio, gabinete, etc., no se puede esperar mucho de palabras nada concretas.
El día de visita puede ser aletargada, cansada, lluviosa, con un Sol intenso, histórica, mística, etc., no será más que una experiencia que lo asimila el visitante.
Es en ese sentido, que, la agrupación de esfuerzos por determinar qué número de personas puede ingresar a la ciudad Inca de Machupicchu bajo un estudio que sin querer o con el odio que se le pueda asignar a la metodología termina siendo: “Estudio de Capacidad de Carga”
BASES PRELIMINARES PARA UN ESTUDIO DE CAPACIDAD DE CARGA DE VISITANTES
La capacidad de carga es un concepto muy utilizado en el campo de la ecología. La palabra capacidad sugiere, en sentido estricto, la posibilidad de contener o acomodar en un determinado espacio. Desde hace varias décadas, los investigadores del turismo han venido utilizando ésta para referirse al número máximo de turistas que puede albergar un área de destino (O’Reilly, 1991). Sin embargo, este concepto es mucho más complejo de lo que en principio se podría pensar pues plantea numerosas controversias, tanto en su definición como en su aplicación. Existen numerosos trabajos en la literatura especializada que han tratado de definir el concepto de capacidad de carga turística con más o menos éxito. En estas líneas trataremos de presentar algunos de los que han tenido mayor reconocimiento por parte de los expertos.
Para ampliar esta cuestión, sugerimos la lectura del artículo de Watson y Kopachevsky (1996) así como el trabajo de Mitchell (1979), en los que se recopilan las definiciones de capacidad de carga más interesantes. Una de las más ampliamente aceptadas es la sugerida por Mathieson y Wall (1986): «el número máximo de visitantes que puede usar un espacio sin una alteración inaceptable del medio físico y sin una disminución en la calidad de la experiencia conseguida por los visitantes». En la misma línea se sitúan Lime y Stankey (1971) aunque incluyendo el aspecto temporal: «El tipo de uso (lo que hacen y cómo lo hacen) que se puede soportar en un periodo determinado sobre un área sin causar un excesivo daño tanto al medio físico como a la experiencia del visitante».
Existen otras definiciones en las que se encuentra implícita la idea de que la capacidad de carga turística es dependiente en cada caso de los beneficios esperados, de los objetivos especificados de desarrollo: «el nivel de uso que mejor consigue los objetivos propuestos en el sistema». (Stynes, 1977); «el nivel de uso con el que se maximiza la total satisfacción y los beneficios» (Greist, 1976). Por el contrario, otros se centran en los impactos en la zona de acogida (Tburot, 1980): «La capacidad de carga turística es la frecuentación turística que puede admitir continuamente el sistema socioeconómico regional sin que se modifiquen:
a) en el nivel de las estructuras económicas, sin tener necesidad de llamar continuamente a las estructuras no regionales o extranjeras;
b) en el nivel de las estructuras sociales, sin modificar radicalmente los equilibrios sociales anteriores;
c) en el nivel cultural, sin modificar profundamente los sistemas de valor imperantes;
d) en el nivel medioambiental, sin modificar las grandes características ecológicas iníciales. La sostenibilidad, a la que haremos mención más adelante, es otra de las ideas recurrentes en el concepto de capacidad de carga apreciable, por ejemplo, en la definición de Wagar (1964): «el nivel de uso turístico que proporciona una calidad sostenida de la recreación» Resulta más completa la definición del término que hace la OMT al contemplar diversos puntos de vista: «El concepto de capacidad de carga trata de establecer en términos mensurables el número de visitantes y el grado de desarrollo que es susceptible de alcanzarse sin que se produzcan situaciones perjudiciales para los recursos (..) Es la capacidad que se puede alcanzar sin daño físico para el medio natural y para el medio artificial, sin daño social/económico para la comunidad y para la cultura local o sin perjudicar el justo equilibrio entre desarrollo y conservación. En términos estadísticos, es el número de visitantes que pueden darse en un lugar a cualquier hora punta o durante un año sin que resulte en una pérdida de atracción o en daños para el medio ambiente... Se puede decir, en términos generales, que existe una saturación o un sobrepaso de la capacidad de carga cuando los movimientos de las personas, nacionales o internacionales, excede temporalmente el nivel aceptable por el medio ambiente físico y humano de la zona de acogida o destino» (Informe de la OMT, cit. por Cazes, 1992). Para no perdernos entre tanta definición, podemos resumir, siguiendo a O’Reilly (1991), que existen dos líneas de pensamiento acerca de la naturaleza e interpretación de la capacidad de carga turística que conviene tener en cuenta:
a) En la primera de ellas, la capacidad de carga se trata como la capacidad de un área de destino para absorber el turismo sin que se lleguen a manifestar impactos negativos en las comunidades de acogida. El acento se pone en el medio receptor y no en el turista.
b) La segunda vertiente propone que la capacidad de carga se considere como el nivel a partir del cual los flujos turísticos se reducen al ser patente una disminución en la satisfacción de la experiencia adquirida.
Ese destino deja de atraer a los turistas que buscan un lugar alternativo para pasar sus vacaciones. La atención se centra en el turista y en su valoración subjetiva.
TIPOS DE CAPACIDAD DE CARGA
La mayor parte de los autores que han investigado esta cuestión apuntan que no se debe considerar una sola capacidad de carga sino varias, en función de los impactos que produce el turismo. Ya hemos visto las dos líneas de pensamiento principales apuntadas por O’Reilly sobre esta cuestión. Williams y Gilí (1994), completan esta división distinguiendo cuatro puntos de vista diferentes:
Hablan de una perspectiva tradicional, centrada en la idea del umbral, del número máximo de turistas y de la búsqueda de indicadores de capacidad, pero que presenta numerosos problemas de aplicación. También se refieren a una perspectiva medioambiental, enfocada en prevenir la alteración del medio físico; una económica, ligada a la maximización de la rentabilidad económica a largo plazo y, por tanto, a la satisfacción de los turistas y, finalmente, hacen mención de una perspectiva basada en la comunidad de acogida. Creemos que estas vertientes deben ser afrontadas conjuntamente y no por separado dado que este concepto debe buscar la preservación de los lugares turísticos pero también de las llegadas de visitantes en busca del nivel óptimo de utilización y frecuentación. Siguiendo la misma línea, Watson y Kopachevsky (1996), en su completa síntesis, distinguen hasta cinco tipos de capacidad de carga:
a) Ecológico-medioambiental: «El nivel de desarrollo turístico o actividad recreacional más allá del cual el medio ambiente que hemos conocido se degrada o se ve comprometido» (Watson y Kopachevsky, 1996). Por tanto, afecta al aire, el suelo, la vegetación y fauna, el agua, y todos los demás elementos físicos que componen un ecosistema. Este es uno de los aspectos más considerados en la actualidad a la hora de configurar un producto turístico.
b) Física: En este caso se refiere a la capacidad espacial de un lugar y de sus infraestructuras para acoger las actividades turísticas. La cantidad de espacio disponible es inalterable, sólo se puede mejorar su utilización mediante un aprovechamiento más racional del mismo. En cuanto a las infraestructuras, su capacidad y rendimiento es casi siempre mejorable en función del dinero que se destine a ello.
c) Socio-perceptual: Este tipo de capacidad hace referencia al nivel de tolerancia de las poblaciones de acogida hacia la presencia y comportamiento de los turistas y está en relación con los impactos culturales. En este caso, y más que en los anteriores, su medición se debe realizar a partir de juicios de valor en los que el componente subjetivo los hace difícilmente extrapolables de una situación a otra.
d) Económica: Para O’Reilly (1991), es la capacidad para absorber funciones turísticas sin que se excluyan otras actividades que se consideran de interés. El tema económico, en la práctica, es uno de los principales argumentos contra la noción de capacidad y la imposición de límites (Getz, 1983). Los estudios de coste-beneficio tienden a suprimir cualquier limite a la actividad turística, incluso asumiendo la existencia de un coste. El problema es determinar un balance óptimo entre las ventajas e inconvenientes que implica una actividad de ese tipo, la capacidad óptima a la que hacíamos mención antes. Desgraciadamente, se impone a menudo la estrategia del máximo beneficio a corto plazo sin pensar en el futuro.
e) Psicológica: La capacidad de carga psicológica es estrictamente experiencial. Sólo los turistas mismos pueden determinar si han logrado una satisfacción personal en sus vacaciones en función de muchos factores como la actitud percibida de la población local, el grado de saturación del destino turístico, La calidad medioambiental, etc.
Vemos por tanto las diversas vertientes que se presentan cuando se pretende abordar el problema de la capacidad de carga turística de un territorio, la gran diversidad de puntos de vista y perspectivas diferentes que es preciso recoger y valorar con objetividad.
METODOLOGIAS
Existen diversas metodologías para regular el manejo de visitantes en áreas protegidas. Se destacan el VIM `Visitor Impact Management (Loomis y Graefe, 1992), LAC `Límites de cambio aceptable´ (Stankey et al., 1985), y CCT `Capacidad de Carga Turística´ (Cifuentes, 1992). Este último pionero en estudios sobre ANP cuya metodología fue creada en el CATIE de Costa Rica.
1. El método de Cifuentes (1992) tiene varios beneficios, tales como: el procedimiento al aplicarlo es compresible y sencillo para determinar la capacidad de carga del área en estudio. La metodología también se apoyó en Navarro (2005), quien sugiere una serie de indicadores (alojamiento, vialidad, abastecimiento y saneamiento de agua) para la evaluación de la CCT, para destinos turísticos costeros.
Con el método Cifuentes (1992), se pretende establecer el número máximo de visitas que puede recibir un área determinada, con base en las condiciones físicas, biológicas y de manejo que se presentan en el área en el momento del estudio (estudio transversal). El proceso consta de tres niveles:
1. Cálculo de Capacidad de Carga Física (CCF)
2. Cálculo de Capacidad de Carga Real (CCR)
3. Cálculo de Capacidad de Carga Efectiva (CCE), donde la CCF > CCR > CCE.
Como parte del estudio de Carga Física, se realizó la caracterización temporal de los visitantes, con su estancia media, ya sea en horas o días. Adicionalmente, fue necesario determinar la ubicación espacial de los atractivos de acuerdo a su situación geográfica, y para ello se utilizó el sistema geoposicional GPS (Geographyc Positional System), para determinar y analizar las áreas geográficas de mayor presencia o concentración turística, ya que no sólo se debe considerar el factor demográfico sino también las formas de apropiación y la intensidad de uso del destino o sitios turísticos (Wurz, 2003). Con la información geo-referenciada se pueden construir mapas para investigar la naturaleza y tendencias espaciales de variables de interés (por ejemplo, número de habitaciones y camas).
Con los SIG, es además posible realizar operaciones espaciales que permiten asociar múltiples bases de datos con relación a su posición geográfica y que de otra forma no podrían combinarse (número de hoteles en un área determinada alrededor de un arrecife, como en el caso de esta investigación).
La utilización de estos sistemas en el análisis espacial de los niveles de cobertura, accesibilidad y utilización de servicios, puede servir como un importante insumo en la evaluación de la capacidad de carga turística.
2. En lugar de intentar establecer un finito y el eslabón predecible entre el nivel del uso e impacto (qué es la base para medir la capacidad de carga turística), un acercamiento más útil puede ser evaluar el impacto probable de una actividad en el destino; esto de acuerdo al grado de datos que de antemano se obtenga; supervisar la industria en una base regular y sistemática, y decidir qué acciones se tomarán si éstos ' se exceden de los estándares' de calidad. Ésta es la base de los Límites de Cambio Aceptable (LAC) acercamiento que identifica recursos y las condiciones sociales en una escena dada y define técnicas de dirección que mantendrán estas condiciones con el tiempo. Evita el establecimiento sincero de usar-límites, o el tipo y balanza de desarrollo que puede tener lugar, sino busca entender el cambio. Originalmente desarrollado por el Servicio del Bosque Americano (Stankey et al, 1985) este acercamiento reconoce que la evaluación de impactos es una cuestión para el juicio directivo, y ese tal juicio debe ser basado en una valoración informada de valores sociales, económicos y medioambientales, así como el mantenimiento del recurso, y reacción del usuario (Sidaway, 1991).
LAC procesa una serie de nueve pasos secuenciales qué ampliamente ayuda para identificar aceptabilidad social y características del recurso de la escena, compara las condiciones existentes con aquéllos deseados, identifica una serie de posibles acciones que ayudan a lograr estas condiciones deseadas; y establece las técnicas de medidas sistemáticas y regulares para supervisar el cambio y efectividad de acciones de dirección emprendidas. (Sidaway, 1991; Wight, 1994)
Acerca del “Visitor Impact Management”, se puede asumir que recoge las dos metodologías anteriores con análisis de otras variables que se complementan de acuerdo al lugar intervenido.
CRÍTICAS AL CONCEPTO Y ALGUNAS EXPERIENCIAS DE APLICACIÓN
La medición de la capacidad de carga presenta una gran dificultad intrínseca lo que ha hecho que muchos autores desistan o busquen otras alternativas. Aunque existe un cierto consenso entre los expertos a la hora de definir la capacidad de carga, no hay aún un acuerdo sobre los métodos de medición y cuantificación a emplear, ni mucho menos sobre los umbrales de permisibilidad que se consideran adecuados en cada caso. Este es, quizás, la principal crítica que se hace al concepto. Autores como O’Reilly (1991) indican que esto está provocado, entre otros factores por el hecho de que las políticas de ordenación que se empleen en un lugar pueden afectar considerablemente a su capacidad de carga y también porque los niveles aceptables de densidad turística a partir de los cuales aparecen problemas de saturación, difieren notablemente de unos enclaves a otros.
Estas dificultades de medición provienen también de la ambición de considerar simultáneamente parámetros físicos y ecológicos, sociales y económicos, psicológicos, antropológicos y culturales, es decir, variables mensurables y otras puramente subjetivas y no solamente en el espacio receptor sino también se piensa en las zonas emisoras e intermedias o de tránsito (Cazes, 1992). Mathieson y Wall (1986) añaden que los niveles de capacidad están influidos por dos grupos de factores, que son:
a) Características de los turistas: Características socioeconómicas de los visitantes; nivel de uso, número de visitantes, estancia, densidad, etc.; Duración de la estancia, los tipos de actividades turísticas; los niveles de satisfacción turística.
b) Características del área de destino y de sus habitantes: Rasgos naturales ambientales y sus procesos; estructura económica y desarrollo económico; estructura social y organización; organización política; nivel de desarrollo turístico.
El concepto cuenta con una gran aceptación por toda la comunidad científica pero ya hemos comentado que apenas se ha avanzado en su aplicación. Entre las causas que han motivado ese escaso desarrollo se encuentra en primer lugar, siguiendo a Butíer (1996), una errónea identificación del concepto con un número que representara claramente el máximo número de visitantes que deberían visitar un sitio sin llegar a deteriorarlo. Como ya antes apuntábamos, cada tipo de turistas provoca impactos diferentes. Además, la tecnología permite que algunos lugares sean capaces de acoger sin peligro muchos más visitantes que otros. Esto hizo que la capacidad fuera considerada como un concepto de gestión, tazar unos aceptables niveles de cambio a partir de unos objetivos planteados. En segundo lugar, hay que destacar que la aplicación de límites al desarrollo turístico representa una restricción para muchos de los agentes implicados en el sector que piensan que cuanto menos control exista en el sector privado, mucho mejor los límites se identifican entonces por un no-crecimiento a partir de un cierto nivel. Además, hay que mencionar en muchos casos la ausencia de una figura que se preocupe específicamente de la calidad de los recursos turísticos y, mucho menos, por el respeto de los límites establecidos de uso de los mismos.
Dada esta multiplicidad de factores que estamos apuntando, es difícil, si no imposible, calcular valores absolutos de capacidad de carga, excepto en casos muy puntuales. Los estudios son difícilmente extrapolables, existe una metodología distinta casi para cada caso. Cualquier aproximación a esta cuestión debe partir de la identificación de las condiciones ambientales, sociales y económicas deseadas por una comunidad y sentar las estrategias de desarrollo que permitan gestionar la capacidad de carga turística en esa dirección (Vera el aL, 1997).
Una de las principales críticas que se realizan a los estudios de capacidad de carga es que, a menudo, no consideran la integración entre los componentes descriptivo-empíricos y los evaluativo-normativos (Watson y Kopachevsky, 1996).
En resumen, y siguiendo a Shelby y Heberlein (1986), existen tres grandes dificultades a la hora de establecer las capacidades:
1. Las personas tienen diferentes necesidades y buscan diferentes cosas en sus experiencias turísticas. Hay diferentes capacidades para cada tipo de experiencia.
2. Cualquier uso produce un cambio pero lo difícil es precisar a partir de qué momento ese cambio es admisible.
3. El número de usuarios es, a menudo, un pobre indicador del grado y de la naturaleza del impacto.
Algunos autores como Lozato-Giotart (1992) defienden, como muy reveladores, el uso de indicadores tradicionales como los visitantes por unidad de superficie o de tiempo, el número de camas turísticas por residente, el número de casas dedicadas al turismo por cada casa de residentes, etc. El problema es que si bien estos índices son de fácil cálculo, no son útiles para ver el medio socioeconómico ni para comparar el estado del medio social ni los impactos sociales del turismo. Muchos trabajos que tratan el tema del turismo en regiones costeras o en áreas naturales de especial protección, intentan relacionar la superficie que se considera conveniente dedicar a la práctica recreativa con el espacio que necesita cada turista para que su experiencia sea gratificante o con el número de plazas de alojamiento disponibles. En esa línea, Boullón (1985) propone una fórmula para calcular la capacidad de acogida turística en una zona determinada y que consiste en dividir la superficie total que utilizarán los turistas por el promedio individual requerido. Para hallar el número total de visitas diarias hay que relacionar esta capacidad de acogida con un coeficiente de rotación obtenido a partir del número de horas diarias de apertura de la atracción a los turistas y del tiempo medio de la visita. Más completo es el estudio realizado en la isla de Goa (WTO, 1994), que calcula el número máximo de turistas que pueden hacer uso de los recursos costeros contemplando también los impactos sociales, los problemas de abastecimiento y las necesidades de mano de obra. Canestrelíl y Costa (1991) investigan la capacidad de carga en ciudades históricas, concretamente en Venecia desde la perspectiva coste-beneficio. Distinguen la existencia de dos grupos en la población según sean dependientes o no del turismo. En cada caso, el nivel óptimo de uso difiere notablemente.
La metodología para el cálculo de la capacidad de carga turística, ha sido aplicada en la Reserva Biológica Carara, (Cifuentes et al., 1990), en el Parque Nacional Manuel Antonio (Rodríguez, 1992), en el Refugio de Vida Silvestre “La Marta” (Acevedo Ejzman, 1997), en la Reserva Absoluta Cabo Blanco, Reserva Ecológica Monteverde, Estación Biológica La Selva, Monumento Nacional Guayabo (Fundación Neotrópica, 1992); en el Parque Nacional Galápagos, Ecuador (Cayot et al., 1996), y en el Parque Nacional Marino Fernando de Noronha, en Brasil (Mitraud, 1997). La lista se va ampliando cada año.
EN LA ACTUALIDAD PARA MACHUPICCHU
Si consideramos el estudio realizado por el Plan Maestro 2005 acerca del Parque Arqueológico de Machu Picchu, se puede observar que no cuenta con antecedentes de estudio existentes en temas de capacidad de carga de visitantes (excepcionalmente hipótesis de trabajo enfocados unilaterelamnet), solo por mencionar una: se posee una tesis acerca del tema como punto de inicio para estudios futuros elaborado en 1996 en la UNSAAC, carrera profesional de Turismo, se tiene estudios preliminares en instituciones como INRENA e INC a lo largo del tiempo desde décadas pasadas, ninguno es mencionado en el citado Plan Maestro.
Como bien se ha visto en la revisión aplicativa de la capacidad de carga, debemos considerar antes de iniciar un cálculo oportuno y referencial, la desestimación de factores sociales y económicos por cuanto no se tienen implícitamente en Machupicchu pero si exógenamente, no obstante; los parámetros más sólidos tienen que ver con los efectos ecológicos-ambientales, físicos y psicológicos.
LA DIALECTICA DE LA METODOLOGIA
Como ya se menciono acerca de las constantes formas de enfocar la metodología e inclusive sentir por momentos que se está navegando por océanos desconocidos o mal identificados puede entonces plantearse que para el caso específico de Machupicchu, la condición fundamental es la de identificar a través de la construcción de indicadores, el total de variables que se involucrarán con la metodología y que al margen de ser estáticas, deban estar en movimiento cual tabla de proyección se va actualizando. Es necesario buscar la metodología “Machupicchu” y su nivel de concatenación con los parámetros externos que coadyuvan a su originalidad y que lo hace diferente a otros tipos de aplicación metodológica en niveles operativos más no en concepto.
Como todo participante o involucrado en las tareas de evaluación de CCT, podría intuir empíricamente bajo un problema objeto de investigación, que el número de personas que pueden visitar Machupicchu está en un rango cuya consistencia teleológica obedece a un escenario óptimo de certidumbre temporal.